Otra tonta inyección de motivación…

Ahora está de moda el running…el hacer 500 kilometros en bicicleta y colgarlos en las RRSS para que la caída de pelo quede en segundo plano y metamos barriga en una foto… El ponerse metas que hace unos meses parecían locuras y que más tarde “vestimos de triunfos”.

La vida es así, experiencias y retos que algunos interiorizan más y otros no pueden reprimir el impulso de pregonarlo… y yo, como es normal, caigo en la “moda” y me pongo un reto que para mí es INHUMANO y comprobar si mi mente es tan fuerte como desearía.

Todo comienza cuando por culpa de un buen amigo, me apunto a una prueba de Atletismo que muchos hacen con la “punta” pero a una persona que lo que más se mueve es las visitas a clientes y siempre aparcando lo más cerca posible, es algo que en un principio, parece bastante complicado (por ser benévolo).

La prueba en cuestión es la Media Maratón de Málaga en la que me pongo el reto de acabar vivo, una distancia de 21,097 kilómetros. Hasta ahí, todo bien… entrenamientos, comidas adecuadas, “visualizar el reto”… bla bla bla… pero cuando comienzo a coger el ritmo de correr (como mucho 10 km sin parar), la rodilla dice BASTA a dos meses vista de la prueba. Resultado: “ya la haré el año que viene…”

Al acercarse el día fuí a recoger el dorsal y la camiseta… y pasó lo que me temía… el ambiente y la “tonta inyección de motivación” hicieron que me decidiera a correrla con la rodilla aún tocada y sin entrenamiento alguno… QUERÍA SABER HASTA DONDE PODRÍA MI MENTE SOPORTAR EL RETO… Y el día llegó…

SALIDA

Más de 7.000 personas tomando la salida en un avenida, que parecía un callejón sin salida por donde apenas corría el aire… Todos ataviados con zapatillas  que deslumbraban, camisetas con mensajes de motivación, auriculares con musica, sonriendo como hienas, nervios…. y yo con las zapatillas de paseo, camiseta de dominguero y gorra para tapar todo lo posible mi cara y que me reconozca poca gente cuando me recoja la ambulancia en un arcén…

KILOMETROS 1-3

Todos animados, calentando las piernas… a buen ritmo pero ya me costó llegar al kilómetro 1 pensando sobre todo en que “sólo” me quedaban 20… ¡pecata minuta!

Gracias a Dios tenía un Quijote a mi lado que mantenía mi ánimo con conversaciones animadas, pero mi cabeza me decia “ni de coña llegas al kilómetro 5 sin parar”… Hasta que llegué al 3.

En ese kilómetro mi mente trataba de hacer la regla de tres en la que el resultado me daría un % recorrido y lo que me faltaría por recorrer… pero mi boca era un zapato y sólo podía pensar en beber lo que sea pero “YA”

KILOMETRO 5

Avituallamiento… por fin puedo beber líquido. Mi sensación es que ya había llegado a la meta pero no de una media sino ¡de una maratón completa! “Dios de mi vida, ¡Quién me manda a mí meterme en esto!” mi cabeza no paraba de pensar…

Las piernas comenzaban a cargarse en demasía y ya se me venía a la cabeza el despedir a mi amigo para que no se quedara demasiado atrás por mi culpa… ya comenzaba a ver a los primeros que paraban en los laterales por algun tipo de lesión muscular, y podía ver que aún mis piernas no serían las últimas en desfallecer… flojos…

KILOMETRO 7

Le digo a Jose (mi “galgo”) que se vaya definitivamente hacia delante… pero él insite en que no me deja…

KILOMETRO 9

Comienzo a “putear” a Jose para que se vaya y parece que poco a poco me va haciendo caso, cuando comienzan a subirse los cuadriceps y los gemelos anuncian que harán lo mismo en breve… los calambres amenazan con llegar prontito…Y sigo pensando: “¿Quién me manda a mí meterme en esto?”

KILOMETRO 11

Es imposible seguir corriendo y mis piernas me dicen basta… los calambres empiezan a ser importantes y mi mirada busca detrás al antes odiado autobús, y que ahora ya es “anhelado”… necesitaba verlo y que me recogiera, pero no aparecía… y seguía corriendo-andando…

KILOMETRO 13

Sólo por la calle, arrastrando una pierna… un tonto con una gorra y un número pegado al pecho, mientras la gente que había en los laterales, no paraba de animar como si estuviera en unas Olimpiadas (con el prefijo “Para” delante)… Y el autobús no aparecía…

KILOMETRO 16

Mi pierna derecha haciendo surcos por el asfalto… Engarrotada como un mástil y la izquierda cogiendo dureza por momentos. Cabalgo como una yegua sin patas… dando saltitos pero casi no avanzo…

Pero al llegar a una curva, una chica de la organización me transmite palabras de ánimo mientras apunta el número de mi dorsal y me dice: “¡Venga! Que ya queda poco” y preguntándole a través de mi mirada me reponde: “¡Si! ¡5 Kilómetros!”… Ostras… Ahí comienza a cambiar la película… La imagen de entrar al Estadio de Atletismo y colgarme la medalla de “finisher” no está tan lejos y ya si que no quiero que apareciera el autobús.

Los zombies comenzaban a aparecer sentados en las aceras con personal de Protección Civil pero yo seguía avanzando.

KILÓMETRO 16-20

Sin duda, el tramo más duro.

Mis ojos ya no miran al frente si no al suelo. Metro a metro me acerco al final. Mi mente no para de dar vueltas… me animo a mí mismo como si jugara una final de Roland Garros… escucho de lejos los ánimos de la gente… mi pierna izquierda se engarrota de nuevo… el Paseo Maritimo parece desembocar en Finisterre…

Los dolores de los calambres trato de “enmascararlos” con fuerza mental y parece que surge efecto. En las malas, se lucha… y esa lucha… ENGANCHA.

KILOMETRO 20

Pasar por la bandera de los últimos 1.097 metros y saber que el autobús ya no me iba a coger, me da una fuerza que me ha faltado los últimos 10 kilómetros y automáticamente mis piernas vuelven a correr.

No responden, pero avanzo más ligero. La imagen mía corriendo en ese instante, puede ser algo bastante desagradable pero se viste de “épico” en los metros finales. La gente sigue animando, ahora con más vehemencia… la satisfacción comienza a ser tan grande que hay una mezcla de sentimientos tal, que uno no sabe ni reir o llorar.

META

El entrar en el Estadio hace estallar mi alegría por tanto sufrimiento y dolor de los últimos kilómetros, pero estaba consiguiendo un reto, nada fácil para mí, pero cumpliendolo… por fin la medalla era mía.

FullSizeRender

¿Y qué aprendí con todo esto? Muy fácil:  Cuando las cosas vienen mal dadas, si la determinación es fuerte, la mente busca desesperadamente un objetivo, se lucha por conseguirlo y no desfalleces cuando el cuerpo te lo pide… Se consigue todo lo que propongas.

¿El tiempo que tardé en acabarla? Es lo de menos, lo más importante era en ese momento conseguir acabar vivo y sentir que si quiero, PUEDO.

Y aunque algunos crean que esto es “Otra tonta inyección de motivación”, que no se equivoque… Yo diría que es “Otra meta lograda de muchas que quedan por alcanzar”. 

 

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Blog dedicado al día a día de la venta, en un entorno cada vez más cambiante. Un blog distinto para vendedores diferentes.
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